Un
mes que empieza con el día de “tus muertos” vaticina que va a ser un mes duro.
Porque
en noviembre comienza la segunda estación del año. Y digo segunda porque en
Extremadura no hay cuatro estaciones, sólo hay dos: “Me cago en la puta, qué
frío” y “Me cago en la puta, qué caló”.
Y
es todavía más duro en tu primer noviembre como persona emancipada:
Aprendes
el uso y significado del jersey, que hasta ahora el jersey es lo que te ponía tu
madre cuando ella tenía frío.
Te
cagas en todos los familiares suecos del IKEA, pues te has hecho el moderno y
ahora te das cuenta que se han cargado la combinación perfecta de la “mesa
camilla + brasero”. ¿Por qué no hacen una faldilla Billy?
La
cosa puede empeorar si al independizarte, lo haces con tu pareja. El verano es
muy bonito, pero cuando llega el mes de noviembre tienes que convivir con un
ser nuevo anteriormente desconocido para ti: su pie. Ese pie entumecido, a
punto de congelación. Ese del que no puedes escapar y que cuando te engancha
(para que se los calientes, manda cohone) sientes un escalofrío por todo el
cuerpo que te deja con los cojoncillos garrapiñaos y una tiritona crónica
durante toda la noche.
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